Cuernavaca: donde las balas llegan antes que los inspectores
Hay una imagen que resume toda esta historia.
Las balas llegaron antes que los inspectores.
Después del ataque armado en un bar de Altavista, donde dos personas fueron asesinadas y cinco más resultaron heridas, el secretario del Ayuntamiento de Cuernavaca, Óscar Mondragón, confirmó que el establecimiento operaba sin licencia de funcionamiento.Y luego dijo algo todavía más delicado.Reconoció que existen más establecimientos en la misma condición.
Deténgase un momento.No estamos hablando solamente de un bar. Estamos hablando de la forma en que se gobierna una ciudad.
Porque un bar no aparece de la noche a la mañana. No cae del cielo. Hay un propietario. Hay una renta. Hay empleados. Hay proveedores. Hay clientes. Hay vecinos. Hay música. Hay una inauguración.Y, sin embargo, el Ayuntamiento dice descubrir que operaba fuera de la ley cuando ya hubo una balacera.Ése debería ser el verdadero escándalo.No que el bar no tuviera licencia.Sino que el gobierno pareciera enterarse de su existencia cuando ya había muertos.Porque aquí sólo caben dos explicaciones.La primera es que el Ayuntamiento nunca supo que ese negocio existía. Eso hablaría de un fracaso evidente en las tareas de supervisión.La segunda es que sí lo sabía y no actuó. Si ésa fuera la explicación, la autoridad tendría que aclarar por qué.No parece haber una tercera posibilidad.Las licencias de funcionamiento no existen únicamente para cobrar derechos. Existen para que el gobierno sepa qué establecimientos operan en la ciudad, quién responde por ellos y bajo qué condiciones funcionan. En otras palabras, existen para que el gobierno gobierne.Y cuando el propio Ayuntamiento reconoce que hay más negocios funcionando al margen de esa supervisión, la discusión deja de ser administrativa.Se vuelve política.Porque el crimen organizado no necesita que un gobierno le entregue una ciudad. Le basta con encontrar espacios donde el gobierno dejó de ejercer autoridad.Eso no significa que esos establecimientos estén vinculados con actividades criminales. No hay elementos públicos para sostener una afirmación así. Lo que sí significa es que una autoridad no puede conformarse con ignorar qué ocurre dentro de negocios que reconoce como irregulares.Ésa, precisamente, es la razón de ser de las inspecciones.No reaccionar cuando ya ocurrió una tragedia.Prevenir que ocurra.El alcalde José Luis Urióstegui tiene hoy una responsabilidad política. Explicar cuántos establecimientos con venta de alcohol operan en Cuernavaca. Cuántos cuentan con licencia vigente. Cuántos funcionan irregularmente. Y qué acciones tomará para corregir esa situación antes de que otra tragedia obligue nuevamente al Ayuntamiento a descubrir lo que debió conocer desde hace tiempo.Porque hay una frase que resume toda esta historia.Las balas llegaron antes que los inspectores.Y ésa no es solamente una crítica a un operativo.Es una crítica a una forma de gobernar.Hoy sabemos que existía un bar sin licencia. Lo sabemos porque hubo dos personas asesinadas. Si no hubiera corrido sangre, probablemente seguiría funcionando sin llamar la atención de la autoridad.Ésa, para mí, es la verdadera noticia.
Porque cuando un gobierno necesita una balacera para descubrir un negocio irregular... el problema ya no es el bar.El problema es que la autoridad llegó después. Otra vez.
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